Oncología integrativa: tratamientos complementarios con evidencia científica (Parte 1)

05/11/2025

SCIB, socio colaborador científico de la Escuela Brulemoción nos habla sobre oncología integrativa.

Oncología integrativa: tratamientos complementarios con evidencia científica para acompañar el tratamiento del cáncer

Octubre, 2025.

Artículo escrito por: Concepción Marín de la Bárcena, Farmacéutica (UCM) y Doctoranda en Problemas de Salud relacionados con los Medicamentos (UAB) y directora de SCIB Biomédica, una entidad sin ánimo de lucro que se centra en promover y asesorar proyectos de investigación de moléculas naturales y medicamentos no rentables para las grandes compañías, así como en diseminar la evidencia científica disponible para que, tanto el paciente como el médico, puedan tomar decisiones informadas desde el conocimiento más actualizado y amplio posible.

Artículo revisado por:

Dr. Óscar Aguilera Martínez, Biólogo, Investigador Senior, Coordinador del Departamento de Oncología Traslacional de la Fundación Jiménez Díaz (Madrid) y director de la Cátedra de Fisiopatología del Metabolismo de la UCAM.

Dr. Alberto Hernández Martínez, Médico, Investigador Senior y director de la Unidad de Medicina Biológica, Integrativa y Regenerativa de Juaneda Hospitales.


¿Qué es la oncología integrativa?

La oncología integrativa nace para dar respuesta a las necesidades de los pacientes con cáncer y de sus familias. Ofrece un enfoque holístico, centrado en el paciente y respaldado por la evidencia científica. Desde el rigor científico y el criterio médico se integran los tratamientos complementarios en el plan terapéutico para disminuir las toxicidades de los tratamientos convencionales, como la quimioterapia, con el fin de mejorar la calidad de vida de los niños, las niñas y los adultos con cáncer.

¿Qué tratamientos complementarios ofrece la oncología integrativa?

Vitamina C intravenosa

La vitamina C tiene la capacidad de alterar el metabolismo aberrante del tumor. Se trata de un enfoque diferente en el tratamiento del cáncer: la interacción con las vías de generación de la energía que usa el tumor para crecer y reproducirse, mediante las moléculas naturales, como la vitamina C con baja o nula toxicidad.

El gran reto a la que se enfrenta la oncología es la resistencia a la quimioterapia, particularmente los cánceres colorrectales y de páncreas, de ahí su letalidad. El 90% de estos tumores tienen el oncogén KRAS mutado lo que complica de forma drástica el manejo clínico de los tumores de colon y de páncreas. Algunas investigaciones recientes han mostrado que una mutación en el gen KRAS, que está relacionada con ciertos tipos de cáncer, también aparece en tumores como los de pulmón, páncreas y tiroides. Lo interesante es que muchos de estos tumores tienen algo en común: funcionan en un ambiente con poco oxígeno, lo que se conoce como metabolismo hipóxico. En este contexto, la vitamina C puede tener un papel importante, ya que interactúa con las células cancerosas y cambia la forma en que obtienen su energía. Esto podría hacer que esas células se vuelvan más sensibles y respondan mejor a los tratamientos oncológicos tradicionales, como la quimioterapia o la radioterapia.

Un equipo español liderado por el Dr. Óscar Aguilera ha publicado estudios recientes en modelos animales que muestran que administrar vitamina C en dosis muy altas por vía intravenosa puede frenar significativamente el crecimiento de tumores resistentes (como los que tienen mutación en KRAS o están en entornos con poco oxígeno). Además, cuando se usa junto a la quimioterapia estándar, logró reducir el tamaño del tumor hasta en un 85 %, sin efectos secundarios graves.

El procedimiento consiste en administrar dosis altas de vitamina C directamente por vía intravenosa, alcanzando concentraciones que no serían posibles por vía oral. El tratamiento complementario con vitamina C intravenosa ofrece un apoyo a los pacientes oncológicos ya que ayuda a reducir la fatiga y el dolor, mejorar la calidad de vida durante tratamientos intensivos y apoyar la recuperación integral del paciente.

Ozonoterapia

El ozono es un gas formado por tres átomos de oxígeno (O3) que se forma en capas altas de la atmósfera al interaccionar con el espectro ultravioleta del sol y es el principal filtro de rayos UV de la atmósfera. En altas concentraciones, puede ser irritante y perjudicial al ser inhalado; pero a dosis bajas, el ozono se ha utilizado con fines terapéuticos y estudiado en profundidad durante más de un siglo.

Su acción farmacológica se explica a través de dos mecanismos:

En primer lugar, está el mecanismo directo, utilizado en los tratamientos tópicos, en el que el ozono actúa como un germicida que impacta directamente en bacterias, hongos, virus y protozoos, debido a su capacidad para oxidar las membranas celulares de estos patógenos.

A nivel sistémico, el ozono se comporta como un inmunomodulador. Esto puede implicar aumentar la respuesta en casos donde está debilitada (como en algunos cánceres), o disminuirla cuando hay una respuesta excesiva (como en enfermedades autoinmunes). El ozono actúa por un mecanismo iónico, en el cual provoca una serie de reacciones biológicas en el cuerpo que generan los siguientes efectos: modula la liberación de citoquinas inflamatorias, regula el equilibrio oxidativo al inducir la producción de enzimas antioxidantes como superóxido dismutasa (SOD), glutatión peroxidasa o catalasa y activa el factor Nrf2, un regulador maestro del sistema antioxidante celular. Esto repercute en una mejora del estado clínico del paciente:

  • Reduce la inflamación crónica asociada al microambiente tumoral.
  • Protege tejidos sanos del daño oxidativo inducido por quimio o radioterapia, gracias a la activación de sistemas antioxidantes endógenos.

Oxigenoterapia hiperbárica (OHB)

La oxigenoterapia hiperbárica consiste en respirar oxígeno puro en una cámara presurizada, lo que permite al cuerpo absorber mayores cantidades de oxígeno.

Un aspecto común en muchos tipos de cáncer es que el microambiente tumoral presenta bajos niveles de oxígeno, una condición conocida como hipoxia tumoral. Esta hipoxia no solo es consecuencia del crecimiento desorganizado del tumor, sino que también favorece su progresión, resistencia a tratamientos e inhibición de la respuesta inmune.

En pacientes con cáncer, la OHB se ha utilizado para mejorar la cicatrización de tejidos después de cirugías o radioterapia, aliviar efectos secundarios de la radioterapia (como necrosis ósea o intestinal) y reducir la agresividad de ciertos tumores, aunque se necesitan más estudios.


👉 Continúa en la Parte 2: “Avances científicos en terapias complementarias y vacunas personalizadas contra el cáncer”

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