Hay momentos en los que sin saber qué pasa de repente, el cuerpo se acelera, el pecho se aprieta, la mente se acelera o se queda en blanco sin poder pensar con claridad, podemos sentir miedo, ira o ansiedad y preguntarnos ¿Por qué he reaccionado así?.
Si alguna vez te ha pasado, es importante recordar que no estás exagerando ni hay algo malo en tí. Muchas veces lo que ocurre es que tu sistema interno de protección se ha activado con muchísima fuerza. A eso, Daniel Goleman le llamó secuestro de la amígdala.
Qué es el secuestro de la amígdala
El secuestro de la amígdala es una forma sencilla de explicar lo que pasa cuando el sistema de alarma del cerebro se activa muy rápido ante una amenaza real o percibida. En ese momento, el cuerpo responde antes de que podamos pensar con calma, reaccionamos sin llegar a pensar y elegir la respuesta.
Aunque usemos esta expresión, lo que vivimos no depende solo de una parte del cerebro. También intervienen el cuerpo, la historia vivida, la percepción que el cerebro hace de forma rápida, los vínculos y la forma en que nuestro sistema ha aprendido a protegernos.
Por eso no se trata de falta de voluntad. Se trata de una reacción interna que necesita comprensión y cuidado. La amígdala (encargada de procesar las emociones) reacciona de forma desproporcionada ante lo que sucede sin dar tiempo a pensar, a que la parte racional actúe.
Cómo puede sentirse
Cada persona lo vive de forma distinta, pero puede aparecer como:
- Presión en el pecho o nudo en el estómago
- Respiración corta
- Miedo repentino
- Irritabilidad o urgencia
- Bloqueo
- Ganas de llorar
- Dificultad para pensar
- Desconexión o sensación de quedarse sin palabras
En algunas personas se nota como aceleración. En otras, como apagamiento o bloqueo. Ambas son formas de protección.
No todo lo que sentimos es exagerado
Muchas personas se juzgan por sentir demasiado, pero sentir mucho no significa algo malo, a veces significa que has vivido mucho, que tu cuerpo ha estado demasiado tiempo en tensión, que algo dentro de ti sigue intentando protegerte.
A veces significa que has vivido mucho.
– Que has pasado por etapas que han dejado huella.
– Que tu cuerpo ha tenido que mantenerse alerta durante demasiado tiempo.
– Que has aprendido a sobrevivir como has podido.
No todo lo que sentimos es exagerado. A veces es la expresión de un cuerpo que lleva demasiado tiempo en tensión, en alerta.
En el cáncer también pasa mucho
En oncología, esto puede activarse con una revisión, una espera, una llamada, una molestia física o una fecha señalada. A veces basta muy poco para que el cuerpo recuerde algo muy grande, y eso no significa que estemos haciendo algo mal, significa que hay experiencias que dejan una huella profunda y que el cuerpo y lamente, intentando proteger, reacciona con rapidez ante señales que asocia con peligro.
Y no solo les ocurre a pacientes. También nos pasa a familiares, cuidadores y profesionales que acompañamos.
A veces también influye cómo nos sentimos acompañadas
No solo nos activa lo que ocurre. También influye cómo nos sentimos tratadas, sentirnos juzgadas, presionadas, invalidadas o poco comprendidas puede intensificar mucho la alarma interna. Por eso una misma situación puede vivirse de forma muy distinta según cómo te miran, cómo te hablan y cómo te hacen sentir.
Cuando una persona ya está removida, no necesita que la corrijan, necesita que respeten lo que siente en ese momento, necesita presencia y una forma de estar cerca que no añada más carga sino calma.
Qué puedes hacer cuando notas que te has activado
Puede ayudarte recordar esta palabra: CALMA.
C de Comprende lo que está pasando: Repite mentalmente: “Me he activado”, “mi cuerpo está en alerta”, “esto o algo me ha removido mucho”.
A de Alarga la exhalación: No hace falta respirar perfecto ahora. sencillamente recuerda soltar el aire un poco más despacio, más tiempo que la inhalación.
L de Localízate en el presente: Mira a tu alrededor. Nombra mentalmente 3 cosas que ves, tocas o escuchas.
M de Muévete con suavidad: Afloja la mandíbula, baja los hombros, apoya bien los pies o da unos pasos lentos permitiéndote sentir la sensación del suelo en la planta del pie.
A de Háblate con Amabilidad: Recuerda: “Voy poco a poco”, “no necesito resolverlo todo ahora”, “esto que siento tiene sentido”.
Tres apoyos sencillos más
También puede ayudarte:
- Retrasar la respuesta. No contestes ese mensaje ni tomes decisiones importantes desde la urgencia.
- Buscar una referencia segura. Una voz conocida, una persona tranquila, un objeto que te conecte contigo.
- Pedir cercanía. Puedes decir: “Ahora mismo estoy muy activada, ¿puedes quedarte conmigo un momento?”
Y también utilizar cualquier técnica asertiva para poner límites, pero primero aprende a conocerte, tus reacciones y sentimientos y date tu tiempo.
Que tenga sentido no significa resignarte
Comprender lo que te pasa no significa conformarte con vivir así, al contrario. Comprenderlo puede ser el primer paso para cuidarte mejor, reconocer antes tus señales y recuperar poco a poco más calma.
La comprensión no sustituye el cambio. Lo hace posible.
Cuándo conviene pedir ayuda
Si esto te ocurre muy a menudo, si sientes que vives en alerta casi constante o si te cuesta gestionar sola lo que te pasa, buscar apoyo profesional puede ayudarte mucho. Pedir ayuda no es exagerado, es cuidarte y priorizarte.
Recuerda
Si alguna vez has sentido que tu cuerpo iba por delante de ti, que reaccionabas desde el miedo, el bloqueo o la urgencia y luego te juzgabas por ello, ojalá este artículo te deje algo claro: Lo que te sucede es normal, quizá hay una parte de ti que necesita ser comprendida, cuidada y acompañada de otra manera.
A veces no necesitamos exigirnos más, necesitamos entendernos mejor qué está pasando, qué se ha activado en el interior y desde ahí y poco a poco recuperar la calma.




